http://traslashuellasdelosdioses.blogspot.com/2009/04/piramo-y-tisbe.html
http://sobreleyendas.com/2007/10/12/romeo-y-julieta-los-eternos-amantes-de-verona/
http://www.elalmanaque.com/sanvalentin/calixto_melibea.htm
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Francisco de Quevedo (1580-1645) fue un noble con gran talento. Causó muchas polémicas, pues fue acusado de misógino, antisemita y defensor de su clase social.
aventuras fabulosas, centradas en un ambiente lírico y con un estilo muy elegante.
1. En una noche oscura,
San Juan de la Cruz (1542-1591) persigue el estado más alto del amor, la unión mística con Dios. El proceso místico pasa por tres fases o vías: purgativa (el hombre se libera del pecado), iluminativa (el alma se somete a Dios) y unitiva (éxtasis). En la mística destacó junto a Santa Teresa de Jesús.

Aunque nació en Belmonte (Cuenca), Fray Luis de León pasó gran parte de su vida ejerciendo el magisterio en la universidad de Salamanca. Hombre humanista, fue uno de los autores más cultos de su tiempo. Se dedicó al estudio y a las traducciones de autores clásicos y de textos bíblicos, como el Cantar de los Cantares, por la que fue objeto de persecución inquisitorial y preso durante 5 años.

Soneto XXIII


hadas sus hilos, cortáronle sin confesión su vida, cortaron mi esperanza, cortaron mi gloria, cortaron mi compañía. Pues, ¡qué crueldad sería, padre mío, muriendo él despeñado, que viviese yo penada! Su muerte convida a la mía; convídame e fuerza que sea presto, sin dilación; muéstrame que ha de ser despeñada, por seguirle en todo. No digan por mí: a muertos e a idos... [2] ¡O, mi amor e señor Calisto, espérame, ya voy! Detente, si me esperas; no me incuses la tardanza que hago, dando esta última cuenta a mi viejo padre, pues le debo mucho más. ¡O padre mío muy amado! Ruégote, si amor en esta pasada e penosa vida me has tenido, que sean juntas nuestras sepulturas; juntas nos hagan nuestras obsequias. Algunas consolatorias palabras te diría antes de mi agradable fin (colegidas e sacadas de aquellos antiguos libros que tú, por más aclarar mi ingenio, me mandabas leer [3]), sino que ya la dañada memoria, con la gran turbación, me las ha perdido, e aun porque veo tus lágrimas mal sufridas descender por tu arrugada faz. Salúdame a mi cara e amada madre: sepa de ti largamente la triste razón por que muero. ¡Gran placer llevo de no la ver presente! Toma, padre viejo, los dones de tu vejez; que en largos días, largas se sufren tristezas. Recibe las arras de tu senectud antigua, recibe allá tu amada hija. Gran dolor llevo de mí, mayor de ti, muy mayor de mi vieja madre. Dios quede contigo e con ella. A él ofrezco mi ánima. Pon tú en cobro este cuerpo que allá baja. [4]
[ACTO XII; escena IV]